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MADRID, 3 Oct. (EUROPA PRESS) -
El coronel José María Hermida aseguró hoy en el juicio por deslealtad contra el coronel de Infantería Luis Gómez Armero que éste "acorraló" y "persiguió" al comandante José Antonio Llunas cuando se encontraba de baja por depresión. Por su parte, Llunas declaró hoy también en el plenario como testigo y señaló que la ley actual no dice en ningún sitio que el redactor de los partes de baja tenga que ser el enfermo, como aseguró esta mañana el acusado.
Hermida fue el instructor del expediente contra Llunas, a quien no conocía "de nada", por sustraerse a la acción del mando y afirmó que luego el propio coronel Gómez Armero le ordenó que instruyera el expediente por un delito de desobediencia, a lo que él se negó. Añadió que llegó al "convencimiento de que esta persona (Armero) utilizó el poder que el Estado le da para sus filias y fobias personales".
Según el testigo, después de estudiar el caso se dio cuenta de que no se trataba de un "comandante rebelde" o "protestón", como lo definió el acusado, sino de un asunto en el que "un coronel persigue a un comandante". Hermida aseguró que en diversas reuniones, Gómez Armero definió a Llunas como un "cabrón" (y otros insultos graves) que le estaba "tocando los huevos"; que él "las bajas las hacía pagar" y que el comandante "no se iba a ir de rositas".
Así, llegó a la conclusión de que José Antonio Llunas estaba "acorralado y perseguido" por el coronel, que esta mañana adujo que no hizo caso a los partes del comandante solicitando la baja por depresión porque no iban firmados por el interesado. Esta tarde, el testigo José María Hermida señaló que "en 40 años de servicio" jamás ha visto "tanto rigor con los partes".
A su juicio, el coronel era "perfectamente conocedor" de que Llunas estaba de baja por depresión porque así se lo dijo en una reunión. Añadió que incluso en su casa fue acosado por los subordinados de Gómez Armero, que le llamaban por teléfono a todas horas. Hermida indicó que cuando recibió declaración de Llunas por primera vez vio "a un hombre roto, destrozado y difícilmente recuperable".
NO PODÍA VER UN UNIFORME
Por su parte, el propio comandante José Antonio Llunas indicó ante el tribunal que no acudió personalmente al acuartelamiento a entregar la baja porque por aquella época no podía "ver ningún uniforme delante". Indicó que todas las amenazas y supuesto acoso del que fue víctima por parte del coronel Gómez Armero comenzaron en diciembre de 2001, mientras que hasta entonces la relación era normal y cordial.
Según dijo, todo el supuesto acoso hacia él comenzó cuando le sancionó por corregir a un teniente. A partir de entonces le decía o le hacía ver que era "inservible" e incluso que era un "autista". Todo ello llevó a estar 11 días de baja en marzo de 2002. Cuando regresó al acuartelamiento continuaron las denuncias de faltas contra él hasta que en mayo le reunió en su despacho y, en tono amigable, le propuso solucionar todo.
Sin embargo, poco después le dijo que tenía una "mente enferma" si pensaba que había una confabulación contra él, que el resto de sus compañeros "no le querían" e incluso le comentó a su padre que su hijo debía dejar la carrera militar. Fue entonces, el 7 de junio de 2002, cuando Llunas acudió a un médico de Munguía (Vizcaya) que le diagnosticó depresión.
El denunciante, que indicó que con anteriores superiores tuvo "buenísimas relaciones", señaló que se sintió coaccionado y con una "presión impresionante". Agregó que cuando fue cesado administrativamente del servicio, a propuesta del coronel, se sintió "humillado", ya que es el primer militar cesado administrativamente por "falta de idoneidad".
La sesión de esta tarde vivió momentos tensos cuando el abogado defensor del coronel interrogó al comandante Llunas. El letrado comenzó afirmando que se había hecho un "uso abusivo" de la prueba testifical y que pediría la deducción de testimonio contra el comandante. Sin embargo, a continuación tildó de "papelucos" los partes solicitando la baja que iban firmados por el padre de Llunas y llegó a afirmar que el perseguido no era él, sino el "perseguidor", por "tanto zascandileo" de denuncias contra su cliente "por tribunales de toda España".
Para mañana está prevista la declaración de once testigos, mientras que el juicio finalizará el miércoles, con los informes finales de conclusiones de las partes. En la sesión de esta mañana, el acusado dijo que no hizo caso a los partes de baja remitidos por el comandante aquejado de depresión porque éstos, que iban acompañados de volantes médicos, estaban firmados por su padre.
El coronel indicó que, de esta forma, actuó "en conciencia", ya que "no tenía ninguna obligación de contestar al padre" del comandante. "Es una persona a la que no reconozco su validez, no me justifica nada y me puede hasta estar engañando", afirmó Gómez Armero, para quien la acusación pide tres años y un mes de prisión, mientras que el fiscal solicita un año y medio. Su defensa y la abogada del Estado piden su libre absolución.
Está acusado de deslealtad por haber denunciado a un comandante a su cargo por abandono de destino, pese a conocer que dicho oficial estaba de baja justificada por enfermedad. El coronel Gómez Armero fue el primer militar acusado de 'mobbing' o acoso laboral en el Ejército por el mismo comandante afectado por este caso, pero aquella denuncia fue archivada.
INFORME DEL FISCAL
Según el informe del fiscal, en julio de 2002 Gómez Armero, entonces jefe del Regimiento de Infantería "Garellano" número 45, de Munguía (Vizcaya), dio parte a los Juzgados de la posible comisión de un delito de abandono de destino por parte de uno de los comandantes de su unidad.
El coronel decía que el comandante había obtenido la baja médica, y que él había fijado su duración en un mes tras recibir informe de un médico especialista. Añadía que el comandante, en contra de las normas, no había pedido la continuidad de la baja o el alta al finalizar el mes, razón por la que denunció los hechos ante el Juzgado por si fuesen constitutivos de un delito de abandono de destino (deserción), que castiga a los militares que se ausenten injustificadamente de su destino por más de tres días.
La Fiscalía subraya que, antes de dar su parte, el coronel sabía que el comandante tenía un padecimiento de naturaleza psíquica, que los informes médicos definían como depresión o trastorno psicopatológico y psicoemocional importante, y que era una enfermedad de "duración imprevisible". Por ello, el especialista que trató al oficial subrayó en junio de 2002 (un mes antes del parte del coronel) que debía permanecer en situación de baja laboral por tiempo indefinido y pasar revisiones periódicas en su consulta.
El escrito fiscal destaca que "a pesar de conocer el contenido de tales dictámenes e informes médicos, el coronel Gómez Armero no los mencionó en los partes que dio, ni aludió, siquiera, a la naturaleza de la enfermedad, ni tampoco que el tiempo de su duración era imprevisible o indefinido".

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