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HAY ANUNCIOS confusos. El del ministro Sevilla sobre la función pública es uno de ellos. Cierto que ésta necesita de una profunda reforma. Y no sólo en lo que respecta a los regímenes laborales, sino en la propia concepción de la gestión de los recursos humanos y de la función del servicio público.
Ante este penúltimo anuncio, los sindicatos han mostrado su escepticismo, los políticos de la oposición o aliados hicieron hincapié en la invasión de competencias de las comunidades autónomas -algo parecido a echar balones fuera- y el común de los mortales, en su ingenuidad, entendió lo que el ministro no dijo: quien no trabaje, a la calle. Porque él apenas señaló que un funcionario podría ser removido de su puesto de trabajo, no de su condición de funcionario, y ello ya sucede ahora, en derecho o con subterfugios.
Porque salvo algunos funcionarios de los cuerpos superiores, la mayor parte acceden a los puestos de trabajo de mayor categoría y mejor remunerados por el sistema de libre designación. Es decir, al arbitrio de sus superiores y/o de los cargos políticos. Y tal sistema de provisión hace que sean temporales. Otra cosa es que tal remoción se haga con razón o sin ella, al igual que su nombramiento.
También, al menos teóricamente, parte de las retribuciones se asignan evaluando la actividad de los funcionarios. Otra cuestión son los resultados, que rara vez superan el café para todos o exageradas productividades al personal de confianza.
El ministro, en lugar de simplificar, debería haber hecho un análisis de la discrecionalidad en los nombramientos, el elevado acoso laboral que se da en la función pública, la afrenta del trato igualitario ante un esfuerzo y un trabajo desigual, la vista gorda a normativas legales que se incumplen -¡ah! las incompatibilidades-, los arbitrarios cambios en las estructuras administrativas y la falta de planificación y de objetivos en la Administración pública. Y luego de todo ello, diseñar y negociar la nueva ley. Lo que no niega privilegios laborales del empleo público frente al privado.
Porque empezar por donde empezó el ministro se parece más a satisfacer el ansia de circo del pueblo que a sentar las bases de una eficaz reforma del empleo y la función pública.

Fuente:www.lavozdegalicia.es
Abril 2006
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