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Siempre se ha dicho que los vampiros salen de noche en busca de una víctima para satisfacer sus instintos sanguinarios. Pues bien, la realidad es otra vampiros hay en todas partes y los podemos encontrar a cualquier hora del día.
A veces la vida nos sitúa junto a personas cuyo trato, lejos de enriquecernos, nos intoxica. Es el caso de los vampiros emocionales.
Son actores estupendísimos que, disfrazados con su piel de cordero, tienen el poder de hipnotizar y obnubilar a su futura presa. Estas personas muestran afabilidad, cordialidad, encanto pero todo es pura fachada. Se valen de esta táctica para atraer sutilmente a su víctima, conquistarla y, una vez atrapada, cumplir su principal objetivo: chuparle toda su energía emocional.
Los vampiros emocionales tienen una necesidad imperiosa de sentirse víctimas, para ser el centro de atención de quien le interesa y obtener beneficios de todo tipo, especialmente emocionales.
La víctima propiciatoria puede ser de dos tipos: o bien personas débiles de carácter que no pueden ver al susodicho sufrir, o bien personas que desprenden mucha energía positiva y que ofrecen su ayuda sin esperar reciprocidad. En cualquier caso, estos dos tipos de caracteres son un reclamo muy fuerte para el vampiro emocional. Si logra atraparte y hacerte su víctima, no descansaras, se te pegará como una lapa, sin darte cuenta le habrás invitado a entrar en tu vida y él se instalará alegremente como un parásito, aprovechándose de tu energía. Querrá que seas su confidente, su salvador y su todo y tarde o temprano te darás cuenta que has cargado sobre ti un peso insoportable.
En realidad, este tipo de individuos no quieren ni tu ayuda ni tu amistad ni tu nada. Tú eres para ellos, tan solo un alimento emocional. Su necesidad de alimentarse de tu energía, sin entregar nada a cambio es superior a cualquier otra necesidad. Por ello necesita tener un control total y absoluto de su presa, tiene miedo a perderla, porque sin ella no es nadie. Mientras, la víctima ignorante, traduce esta dependencia de su agresor en sentimientos y emociones.
Cuando se le quita la máscara al vampiro descubrimos el tipo de individuo que realmente es: no se le podría calificar de malo, pero sí de inmaduro, con una inestabilidad emocional brutal, narcisista, retraído e introvertido. En definitiva, un dependiente emocional en toda regla.
Si descubres que te han clavado los colmillos, reconoce tu error, sácalo a la luz, pon límites y no permitas que sigan abusando de ti. El habrá ganado la primera batalla, pero tú ganarás la guerra con tu inteligencia y saber estar.
Una vez desenmascarado, para el vampiro el juego habrá terminado, te dejará, te odiará y te suplirá inmediatamente por otra víctima, sin ningún tipo de remordimientos. Pero pasado un tiempo volverá con sus tácticas habituales implorando unas migajas de energía. Así que no bajes la guardia y mantén el crucifijo y las cabezas de ajo a mano. Se prudente y estate alerta ante estas personas que piden todo a cambio de nada. Aléjalas de ti en la medida de lo posible.
Si cumples estos consejos podrás descansar en paz, requiest incantem pacem.

Fuente:www.eltorrenti.com
Abril 2006
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